LOS ANDES (30/09/2026).- Con el cansancio propio de jornadas exigentes, pero también con la satisfacción de haber superado nuevos desafíos, 130 cadetes del Liceo Particular Mixto San Felipe y de la sección Los Andes participaron en la quinta versión del Military Camp, el más numeroso realizado hasta ahora.
Durante tres intensos días, los jóvenes debieron enfrentar distintas pruebas y actividades que pusieron a prueba no solo su preparación física, sino también su capacidad para trabajar en equipo, asumir responsabilidades y sobreponerse a las dificultades. Cada desafío se transformó así en una oportunidad de aprendizaje y crecimiento personal.
"Esta campaña representa que los chicos asciendan de antigüedad y pasen de aspirantes a cadetes, de ahí su importancia en el desarrollo de su formación", explicó Leonardo Pino, coordinador del programa premilitar.
Como parte de esta edición, cuatro ex cadetes del programa, que hoy forman parte de las Fuerzas Armadas de nuestro país, participaron en una charla con los estudiantes. Sus testimonios permitieron a los jóvenes conocer de primera fuente las experiencias y desafíos de quienes continuaron su camino en la carrera militar.
La preparación contempla además pruebas que buscan acercar a los estudiantes a las exigencias que eventualmente podrían enfrentar quienes decidan continuar su camino hacia las escuelas matrices de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, detrás de cada ejercicio y de cada desafío existe un propósito que va mucho más allá del rendimiento físico.
El campamento busca formar jóvenes capaces de desenvolverse ante la dificultad, de respetar a sus compañeros, de asumir el esfuerzo como parte del camino y de comprender que los logros individuales adquieren un significado especial cuando se alcanzan junto a otros.
Porque aquí, aunque existe competencia y cada equipo busca entregar su mejor esfuerzo, nadie queda atrás. El espíritu competitivo convive con valores esenciales de la instrucción premilitar: respeto, compañerismo, disciplina, sacrificio y solidaridad.
"Se trata de generar un enfoque físico y pedagógico, pero también de lograr una experiencia inolvidable", señaló Pino.
Y precisamente en esa experiencia se encuentra uno de los mayores sentidos del campamento. En medio de las pruebas, del cansancio, de las risas y de los momentos de tensión, los estudiantes van construyendo vínculos que difícilmente se consiguen dentro de una sala de clases. Aprenden a confiar en el compañero que tienen al lado, a recibir ayuda cuando las fuerzas disminuyen y, también, a tender la mano cuando es otro quien necesita apoyo.
San Felipe y Los Andes llegaron al campamento como delegaciones que debían competir, pero la competencia nunca estuvo por encima de aquello que los une. "Aunque seamos sedes distintas, somos un solo premilitar", destacó Pino.
Esa frase resume buena parte del espíritu de estas jornadas: dos sedes, distintos equipos y múltiples desafíos, pero una misma comunidad de jóvenes que comparte valores, sueños y el deseo de superarse.
Para algunos, esta experiencia puede ser un paso más dentro de una formación que eventualmente los llevará a las Fuerzas Armadas. Para otros, será un recuerdo imborrable de su etapa escolar. Pero para todos representa una oportunidad de descubrir que la disciplina no significa solamente obedecer reglas, sino también aprender a perseverar; que el liderazgo no consiste únicamente en dirigir, sino en ser capaz de acompañar; y que el sacrificio adquiere verdadero sentido cuando se pone al servicio de un objetivo común.
Al finalizar el campamento, los jóvenes no solo regresan con nuevas experiencias y desafíos superados. También lo hacen con algo que no aparece en ninguna tabla de resultados: la certeza de que muchas veces las metas más importantes se alcanzan caminando junto a otros.
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