ACONCAGUA (13/10/2026).- Dos viajeros del valle llevaron el nombre del Aconcagua hasta uno de los destinos que más curiosidad despiertan en Asia. Pablo Almonacid, de Los Andes, y Paulo Salgado, de Santa María, recorrieron Afganistán en una experiencia que combinó aventura, descubrimiento cultural y encuentros con la población local.
Ambos son viajeros. Pablo lleva muchos años recorriendo el mundo e incluso escribió un libro, que lanzó en la Biblioteca Pública de la ciudad de Los Andes a inicios del 2024. Por su parte, Paulo vivió durante muchos años en Australia y, hace unos meses, comenzó una travesía que lo llevó por China, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán y otros países de Asia Central.
Sus caminos se cruzaron lejos de Chile, en la ciudad de Osh, Kirguistán, mientras ambos recorrían Asia Central. Se conocieron en un hostal y, a partir de ese encuentro, surgió la posibilidad de continuar juntos una parte del viaje y adentrarse en Afganistán, país que ambos visitaban por primera vez. Durante el recorrido visitaron lugares como Kunduz, Fayzabad, el corredor de Wakhan, Bamiyán y Kabul. También conocieron Band-e Amir, una zona reconocida por sus lagos y paisajes naturales.
El viaje también estuvo marcado por los controles y la presencia de las autoridades talibanes. En distintos momentos del recorrido, los viajeros fueron detenidos para solicitarles sus pasaportes y los permisos correspondientes para desplazarse por determinadas zonas. Si bien los controles formaron parte de la experiencia cotidiana del viaje, ambos reconocen que no siempre se sentían cómodos al relacionarse con los talibanes. «En varias ocasiones nos detuvieron para revisar nuestros pasaportes y permisos. Era una situación a la que tuvimos que acostumbrarnos, pero la verdad es que no nos gustaba relacionarnos demasiado con ellos. Sentíamos una energía que no nos generaba confianza y preferíamos mantener cierta distancia», recuerda Pablo Almonacid.
Para los viajeros, esta experiencia contrastaba con el trato que recibieron de muchos habitantes locales, quienes, según relatan, se mostraron cercanos, hospitalarios y dispuestos a ayudarlos durante el recorrido. Uno de los momentos más significativos de la travesía ocurrió en Ishkashim, donde comerciantes locales los recibieron y compartieron con ellos durante varios días. Les ofrecieron un lugar para dormir y la oportunidad de conocer de cerca su vida cotidiana. Los viajeros también recibieron invitaciones a tomar té y compartir comida, gestos que les permitieron descubrir una realidad diferente de la imagen que habitualmente se conoce de Afganistán a través de las noticias internacionales.
El viaje no estuvo exento de momentos difíciles. Durante su estadía, los viajeros observaron situaciones de vulnerabilidad social, especialmente relacionadas con mujeres y niñas que enfrentan condiciones de vida complejas. Pablo Almonacid recuerda que, aunque la hospitalidad recibida fue extraordinaria, también hubo imágenes que lo marcaron profundamente. «Llegué a Afganistán con muchas preguntas y también con cierto temor. Sin embargo, desde el comienzo, esos sentimientos fueron desapareciendo al encontrarme con personas maravillosas, de una hospitalidad y una calidad humana enormes. En ningún otro país me habían recibido de esa manera», enfatiza el aventurero andino. El viajero agrega que el contraste entre la generosidad de sus anfitriones y las dificultades que observó en las calles fue una de las experiencias que más lo hizo reflexionar. «Muchas mujeres perdieron a sus maridos durante la guerra y quedaron condenadas a pedir limosna para sobrevivir. También me encontré con muchas niñas durmiendo en la calle; eso me dolía en el alma. Aun así, tengo esperanza de que la situación cambie. Algún día volveré a Afganistán y espero encontrarlo en mejores condiciones».
Para Paulo Salgado, de Santa María, la experiencia también estuvo marcada por los contrastes y las similitudes que encontró durante el recorrido. «Tuve la buena suerte de que mis rasgos faciales son similares a los de la gente de Afganistán. Eso me dio la oportunidad de gozar de anonimato en un país donde el turista no pasa desapercibido. Gracias a esto, nos pudimos saltar varios “Taliban check points” y viajar con mediana fluidez y, lo más importante para mí, observar de cerca la cotidianidad de la población sin interrumpir con mi presencia. Sin embargo, cada vez que fui reconocido como un foráneo, no recibí más que calidez humana, solidaridad y mucha curiosidad».
En Kabul llegó el momento de la separación: Pablo continuó rumbo a Nepal, mientras que Paulo viajó hacia Irán. Su historia también deja una reflexión sobre la importancia de viajar con una mirada abierta, conocer a las personas detrás de cada cultura y descubrir que, muchas veces, los recuerdos más significativos no están solamente en los paisajes, sino en compartir un plato de comida.
Quienes quieran conocer más sobre esta experiencia y seguir las próximas aventuras de ambos viajeros pueden encontrarlos en Instagram: - Pablo Almonacid: @caminos_que_ensenan - Paulo Salgado: @lasputaspatatas
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