Martes, 26 de Mayo de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

La U.F. y su sombra sobre los agricultores

Por Camilo Cornejo Orellana, Ingeniero Agrónomo Académico Facultad de Economía y Negocios UNAB

 

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La Unidad de Fomento (UF) es uno de los instrumentos económicos más relevantes de nuestro país, ya que permite la estabilización y fijación de precios, trabajando con valores reales y no nominales, es decir, ajustados por inflación. Esto genera un impacto en diversos sectores productivos, y la agricultura no queda fuera, siendo uno de los principales ejes económicos para las familias de las zonas rurales del país.

 

En el sector agrícola, la UF —cuyo valor supera los 40 mil pesos — afecta fundamentalmente los costos de financiamiento (créditos), el arriendo de terrenos y maquinaria, además de los seguros agrícolas y ciertos insumos que se cotizan en UF. Esto provoca que el margen de ganancia por hectárea disminuya y que aumenten los costos fijos, encareciendo la producción y generando un efecto directo sobre el precio final para los consumidores, quienes vuelven a decir, como ya se ha repetido tantas veces: “con $10.000 pesos no se compran nada”.

 

Los efectos e impactos alcanzan por igual a grandes, medianos y pequeños agricultores y, sin distinción alguna, la UF repercute en toda nuestra economía de bienes y servicios. A esto se suma el incremento en los costos de los combustibles, fundamentales para el funcionamiento total de la producción agrícola. Por ello, es muy probable que los precios de todos los productos abastecidos por la agricultura aumenten, al igual que los productos importados, ya que también dependen de insumos, servicios y combustibles.

 

¿Soluciones? De ninguna manera eliminar la UF. Eso solo aislaría el vector y no el virus. En este caso, la Unidad de Fomento permite estabilizar y fijar precios; la verdadera dificultad radica en el aumento de la inflación, que en abril de este año alcanzó un 1,3 %. Ahí está el problema de fondo y es eso lo que debe controlarse, ya que un incremento descontrolado del IPC provoca un efecto en cadena: afecta toda la cadena productiva hasta llegar al consumidor, ralentizando el mercado. Sin embargo, también se debe considerar que siempre existirá inflación en economías en crecimiento.

 

Mientras tanto, el Banco Central debe continuar actuando directamente —proceso que ya está en marcha— y, además, resulta clave implementar medidas específicas para la agricultura, como beneficios tributarios y fondos de estabilización de corto plazo, con el fin de mitigar los efectos sobre el consumo. De lo contrario, el impacto terminará trasladándose a las familias y, con ello, a un menor bienestar social.

 

 


 
 
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