Cada invierno llega el mismo anuncio: las consultas bajan y el sistema recupera su capacidad habitual. En epidemiología, el descenso de una curva nunca es el final de la historia, sino el mejor momento para revisar qué pasó y prepararse para la próxima temporada.
Chile empieza a dejar atrás el peak respiratorio de 2026. Las urgencias muestran una baja sostenida y las hospitalizaciones se desaceleran. Influenza A sigue predominando, aunque con menor peso que en junio, mientras el VRS gana relevancia en lactantes y adultos mayores.
Los virus respiratorios no desaparecen cuando termina el peak, cambian de predominio. Desde la pandemia entendemos que el invierno ya no se explica solo por influenza, sino por la circulación simultánea de influenza, SARS-CoV-2, VRS y otros agentes. Un paciente con influenza puede confundirse clínicamente con uno de COVID-19 o VRS, por eso el laboratorio se volvió herramienta estratégica.
Persiste la idea equivocada de que la vacuna debe impedir el contagio. Su éxito se mide en menos hospitalizaciones, ingresos críticos y fallecimientos. En 2026 Chile sumó anticuerpos monoclonales contra VRS para recién nacidos, junto a la vacunación habitual en grupos de riesgo.
El cambio climático también influye. El alza de temperaturas y los eventos extremos modifican la ecología de los agentes infecciosos y podrían traer temporadas menos predecibles.
De cara a 2027, es esperable la circulación simultánea de varios virus. Lo que puede cambiar es la capacidad de anticiparse. La mejor temporada no es aquella sin virus, sino aquella en que logramos convivir con ellos causando el menor daño posible.
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